
Aunque parezca que caben en las manos sus piecitos
todo bebé se extiende por kilómetros
primero, destructores
del mundo que vienen a ocupar y lo primero que hacen
es hacerlo estallar
todo bebé viene con dinamita.
Cómo se apaga, si se apaga, tanto fuego.
Marina Yuszczuk
I
Me he ido de casa, ya no soporto el olor, los alaridos a mitad de la noche, las copas, unas contra otras, no sé qué celebran, ¿la emergencia sanitaria?, ¿que caemos sin misericordia?, ¿al gobierno indolente que dejará morir a nuestros abuelos y abuelas? Y que quede claro que no estoy en contra de la muerte, pero sí de la que es causada por semejante inoperancia El ministro de Salud es un incompetente, nadie del gobierno se salva, sus palabras son patadas al pueblo.
Hoy mi huida tiene otro motivo, no la crisis que nos embarga sino que mis compañeros de departamento siguen brindando, suenan sus vasos, y yo no puedo brindar con ellos, aunque no hayan razones para hacerlo me gustaría chocar las copas, las tazas. Cierro los ojos y repito, que nadie cercano muera. En un acto de desesperación nos acunamos en la idea de protección, cerca de la estufa si es que la tenemos, buscando abrigo, un resto de amor. A veces, en las esquinas de la casa escucho violines trinar, como en las películas de terror. Máxima tensión, todo me angustia, la falta de alcohol en mi cuerpo lo acrecienta…la tan necesaria desinhibición del alcohol.
Me sirvo una copa de vino, solo una copa al día, estoy embarazada. Miro hacia abajo, soy un cuerpo atrapado en otro cuerpo, un cuerpo atrapado entre murallas, entre concreto. Dentro mío hay un cuerpo cálido, que poco sabe sobre la incomodidad, la búsqueda constante de sentido. Suerte la suya.
II
No debería tomar, ni fumar, ni hacer abdominales, ni tomar baños eternos, ni tener malos pensamientos. Tendría que empezar a asumir mi estado, aprender a tejer a palillos, caer en clichés. No estoy dispuesta. Vuelvo a mirar hacía abajo y es obvio, el espacio que ocupa el bebé no deja ver mis pies. Genero una imagen mental de mí misma del todo atrofiada, ¿mi proyección a futuro debiera estar alineada con el embarazo?. Por ahora es pura negación, cuánto falta para ir al karaoke y tomar sin medida, jalar hasta quedar con el paladar adormecido, no volver a casa en varios días, ir a primera hora a la botillería, pasar la media tarde en una plaza, hincada hincando el codo. Eso no quiere decir, en todo caso, que mi amor por la criatura que llevo adentro sea poca cosa, no, me cae cada día mejor, tampoco esperen que haga una aporía de la madre abnegada. Ser incubadora tiene su gracia, no les miento, un estado de hechizo permanente, el cambio es tu única constante. Pero no me siento ni un centímetro de madre, no tengo idea de llantos, de pañales ecológicos, de vitaminas y oxitocina. Las horas pasan sin presión alguna y puedo reconocerme a medias en el espejo, eso que ves, que tocas y sientes es tu cuerpo, me digo, tu cuerpo conteniendo otro cuerpo, rarezas del estado de gestacional.
Por ahora ejerzo la peor calaña de pre-madre, no me involucro más de lo necesario, no leo sobre las nuevas facultades del bebé, ni me saco fotos, no mido mi panza, siquiera le digo panza, le digo guata, le digo entrañas, marañas, un globo. He olvidado las cremas, los rituales, la idea de feminidad impuesta. ¡Las horas a la matrona!, siempre llego tarde. Cuando sin querer me tropiezo con algún dato Su guagua ya la escucha, ¡háblele! trato de hacer lo contrario a toda costa. Susurro, escucho música con audífonos.
III
No he podido ir al psicólogo, problemas en el cesfam, me llaman y me dicen que no hay atención presencial. Me imagino a la psicóloga preguntándome cómo ha sido ver al ser vivo dentro mio en las ecografías: gracioso, le diría, ¿que se cree ese ser, usurpar mis entrañas, moverse grácil dentro mío, comandar mis hormonas y darme vueltas en el aire? Estoy encerrada y no sé bien dónde mirar, ¡Iré a sacar un salvoconducto!.
No sé cuántas semanas de gestación tengo, siempre respondo números aleatorios, veintisiete, cinco meses casi seis, quizás siete. Es extraño, hasta cierto punto yo soy ese ser, el que tengo dentro: encerrado, aislado, aprendiendo a tragar líquido amniótico. Pensándolo bien soy la distancia, la discordia, lo llevo dentro pero no lo nombro, es la otredad carcomiendo lo último que me queda de ácido fólico.
IV
Recuerdo latente el primer consejo que me dieron, porque claro, consejos te llegan sin que los necesites: Camina todos los días, al menos seis cuadras a la redonda. Caminar…caminar, ¡qué recuerdos!, el viento en la cara, las horas pasando frente a ti sin el reloj zigzagueando-, He tenido ganas de llamar a mi prima y preguntarle, ¿es viable hacerlo por el pasillo, siete idas y vueltas, dos veces al día?
V
¿Qué se yo de niños? lloran, cagan y se duermen, te revientan en oxitocina y sacan tu tono de voz más ridículo. Te dejan agotada, empapada en vómito, con un sentimiento de asfixia amorosa. Eso es lo que sé.
LLevo toda una vida preparándome, hombre tras hombre mi espíritu maternal se ha desarrollado, hombres sin madres que lloran en mis faldas, hombres sobreprotegidos que exigen su cuota de amor, hombres adictos a la adrenalina y al error, hombres que solo juegan, hombres que hay que darles la comida en la boca . Llevo toda una vida enfrentando la frustración, el llanto desmedido a mitad de madrugada, qué más da, sea como sea, de ésta saldremos vivos, no lo digo sólo por mi, lo digo por lo que acuno, por el padre de la bestia y por mi.
Mañana prometo volver a casa después de dos semanas de huida, ya estoy harta de mi madre. En el consultorio me recetaron sertralina. Vuelvo con un espíritu zen que apenas cabe en la mochila, lo meto a la fuerza, el cambio de comuna me exige cuarentena catorce días, me siento preparada. Me puse pepinos en los ojos para desinflamarlos de la ansiedad contenida, con la pinza repasé mi mentón, ningún pelo sobresale -por lo que puedo constatar-. He vuelto, con guata, caderas abultadas, un poco de doble pera, pero he vuelto, eso es lo importante. Alisten sus paneras, sus cuchillos untados en mantequilla.
VI
Hoy fue día de ecografía, a las cinco ecografías anteriores he llegado semi llorando,es mi forma de lidiar con el estrés, ¿estrés de qué?, de todo un poco, no entraré en detalles. El ginecólogo tiene la misma edad que mi compañero L., veo en su placa su nombre, lo retengo, más abajo su rut, trato de memorizarlo. Tiene lindos ojos, no sé mucho más de su cara porque la tapa la mascarilla . Esperamos en silencio, Ele está estacionando el auto, creo haberle dicho al doctor, la puerta está entreabierta. Aprovecho de ordenar mis documentos, le entrego mi carnet de embarazada, la última ecografía, le repito mi nombre, por si no lo escucho antes.
L. llega, nervioso y tranquilo, en su estado permanente: atención desatenta. Se sienta y las cosas toman su ritmo habitual, es un baile ya conocido, el foxtrot de las ecografías. Trato de quitarle el sabor a ceremonia, a ritual, me bajo los calzones sin anteponer problemas, donde sea, los dejo sobre una mesa, me hago la desinteresada, me subo a la camilla de un salto. Mala idea. Algo en su actitud me deja en ridículo, me desacelera, dejo de hacerme la niña, ahora soy toda una adulta.La primera ecografía es intrauterina, penetración sin placer, para la segunda me pongo los calzones y me subo el vestido, veo que mi guata abultada no genera algo en él, pero qué le va a generar, soy una paciente más. Me embetuna de gel frío y recorre mi panza con la pistola del ultrasonido, miro a L. de reojo, y pregunto: ¿doctor, cómo genera las imágenes el ultrasonido?, me responde a media, está midiendo al ser que llevo dentro, está ocupado, L. saca su celular y empieza a grabar la pantalla que nos devuelve la imagen perfilada del bebé, buen femur pienso, ¿y los dedos donde están? le pregunto, me explica que es difícil de cortar la imagen específicamente en las manos, la ecografía funciona como el sistema de ecolocalización de los murciélagos, un grito invisible que devuelve un mapa del lugar. L. se da vuelta, le pide al doctor un poco de papel, ¿estará llorando?, pienso, ¿tanta emoción para una ecografía 2d? yo tengo hambre, me comería un helado ahora mismo. Recibe el papel y mientras acomete el acto nos cuenta, mientras con el doctor miramos cada uno su pantalla asignada hay una araña de rincón en la lavamanos, es hembra, la mataré. No alcancé a mirar, pero le pedí que me acercara su cadáver, hermosa hembra, peligrosa. El ginecólogo le agradece la valentía y me pregunta, ¿quieren saber el género del bebé?, no gracias, le digo, con el presagio de la araña me basta. Me bajo de la camilla, esperamos que el doctor llene la cartola del carnet de embarazo. ¿Todo ha salido bien, no lo crees?
φ Florencia Astaburuaga (Santiago 1992) Ha desempeñado trabajos como transcriptora e investigadora. El año 2018 generó una investigación para Memoria Chilena, plataforma de la Biblioteca nacional, sobre el Video Arte en Chile. Como proyecto personal generó un catálogo junto a un breve estudio de los libros de artistas Juan Pablo Langlois.
Imagen: Nancy Spero